oct 082014
 

En el diario EL PAÍS del pasado 13 de marzo, en la página 34, apareció una noticia que informaba de que «los casos de SIDA descendieron un 14% en España el año pasado». En ella, además, se decía que, a pesar del descenso, «en 2001 hubo 2.300 nuevos contagios». El periodista que la redactó cometió, a mi modo de ver, dos graves errores. El primero de ellos es la confusión entre VIH y SIDA cuando al hablar de “casos de SIDA” se estaba refiriendo a nuevos casos de infección por VIH. El segundo, sobre el que voy a hacer algunas reflexiones, es el uso de la palabra contagio en lugar de transmisión.

Aunque esta noticia es sólo un ejemplo, es frecuente encontrar en los diferentes medios de comunicación, y también en textos de carácter médico, el uso indistinto de las palabras transmisión y contagio para indicar que la infección por VIH pasa de una persona a otra. Ante este uso indiscriminado, uno se pregunta: ¿significan los dos términos realmente lo mismo?.

Si recurrimos a los diccionarios, veremos que ambas palabras, en general, aparecen definidas como sinónimas tanto en los de lengua española como en los de términos médicos. A modo de ejemplo, el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia en su última edición (2001) define contagiar como «transmitir una enfermedad a alguien» y transmitir como «comunicar a otras personas enfermedades o estados de ánimo». Estas definiciones se repiten, con algún ligero matiz, en el resto de diccionarios generales (Manuel Seco, María Moliner, etc.) y en los diccionarios médicos, salvo alguna excepción, la situación es también similar.

Pero, si bien es cierto que ambas palabras son sinónimas actualmente, eso no fue así en el pasado y es precisamente esta perspectiva histórica la que puede arrojar algo de luz sobre el asunto. Según el Dizionario etimológico storico dei termini medici (Florencia, 1993), la palabra contagio procede del latín contagium, que significa contacto, y ésta, del verbo contingo, que significa tocar o estar muy cerca de alguien. Según el mismo diccionario, contagio ya tenía desde el siglo I d.C. un significado negativo que indicaba contaminación por proximidad o por contacto con alguien. El Diccionario de Ciencias Médicas (Stedman, ed.), en su edición de 1993, es el único que define contagio como «transmisión de una enfermedad por contacto con uno o más enfermos» y, a continuación, aclara que «el término se empleó mucho antes de conocerse las ideas modernas sobre enfermedades infecciosas y desde entonces ha perdido gran parte de su significado original; se lo incluye hoy dentro del nombre más amplio de ‘enfermedad transmisible’».

Imagen: Transmisio versus contagium
Este dato aclara la duda. En el pasado, se creía que toda infección se producía por contagio, es decir, según su significado original, por tocar al infectado o por estar cerca de él. Sin embargo, en la actualidad sabemos que no siempre es así y que algunas infecciones, entre ellas el VIH, precisan de vías específicas para penetrar en el organismo. Aun así, el término contagio se sigue aplicando erróneamente a todas las infecciones a pesar de que en medicina moderna se introdujo el término transmisión para aquellas infecciones que no eran contagiosas. Sería deseable, por tanto, deshacer el error y utilizar contagio únicamente para aquellas infecciones que se pueden adquirir por contacto o por proximidad con la persona infectada (gripe, tuberculosis, etc.) y transmisión para aquellas enfermedades que se transmiten por vías específicas (VIH, hepatitis C, sífilis, gonorrea, etc.)

Por otra parte, la carga semántica negativa que ya tenía contagio en la antigüedad continúa en nuestros días. El uso de este término para infecciones que no son estrictamente contagiosas puede crear una preocupación social innecesaria al fomentar la errónea creencia de que se puede contraer por contacto una infección que en realidad no es contagiosa. En el caso del VIH/SIDA, la preocupación puede convertirse en pánico y paranoia hasta tal punto que se estigmatice cruelmente al/a la infectad@, como así ocurrió y así por desgracia sigue todavía ocurriendo. Y todo ello provocado en parte por un mal uso del lenguaje. La alarma social que se puede provocar ante un brote de gripe o de tuberculosis, infecciones contagiosas, no está justificada en el caso del VIH/SIDA, infección transmisible, y, sin embargo, aún existe en algunas personas el miedo al contagio del VIH. Es cierto que en estos casos la ignorancia o la falta de información provocan ese terror, pero no lo alentemos aún más con el mal uso del lenguaje. Ya es hora de que el personal sanitario, los afectad@s y la sociedad en general se exprese respecto al VIH con los términos que le corresponden y no con otros que alteren su verdadera naturaleza. El lenguaje estructura nuestro pensamiento y, sin duda, el uso de transmisión en lugar de contagio ayudará a que la sociedad piense en el VIH como una infección transmisible y no contagiosa.

oct 082014
 

Tan solo dos días tienen que pasar para que un paciente con VIH desarrolle resistencia a los medicamentos, según datos de la Fundación Pro Bienestar y Dignidad de las Personas Afectadas por el VIH/sida (Probidsida).

Esta situación mantiene alarmados a los cerca de 5,000 enfermos con virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en Panamá que se atienden en las 14 clínicas antirretrovirales del país, debido al desabastecimiento de medicamentos necesarios para tratar este grave padecimiento.

Por ejemplo, el rango de atención de una persona infectada con VIH ronda los $50.00 por día, pero si este no tiene acceso al tratamiento que requiere, por cualquier motivo, el costo se eleva a $500.00 diarios por paciente, y luego de una semana a $1,000.00, lo que provoca un incremento casi insostenible y considerable producto de la demora en la llegada de las medicinas.

Millones contra el VIH

Según Orlando Quintero, presidente de Probidsida, a causa de la burocracia y las cifras de infección, el Estado gasta entre 25 y 30 millones de dólares al año en esta enfermedad. “El dinero se va en atención médica, en hospitalizaciones de pacientes en etapa sida, en terapias antirretrovirales y en prevención”, cuenta la fuente.

Y la cifra cuadra con los números de las autoridades panameñas de Salud, ya que en 2012 el gasto provocado por el sida entre el Minsa y la CSS fue de 24 millones de dólares, apuntó Aurelio Núñez, jefe del Programa Nacional de ITS/VIH y Sida del Minsa.

Por eso, recientemente el Observatorio Ciudadano de VIH-sida hizo un llamado por la carencia de fármacos. Entre sus quejas se mencionó el hecho de que Panamá interrumpe entre 4 y 5 veces al año los tratamientos a este tipo de enfermos. “Nos preocupa el hecho porque ya en 2012 y 2013 se presentó la situación y los pacientes tenían problemas para asimilar los medicamentos”, expresó Bernabé Ruiz, del Observatorio Ciudadano de VIH.

Para la defensora del pueblo, Lilia Herrera, urge que las autoridades resuelvan el problema que cada vez más se agrava. “Es necesario que el Minsa solucione esta escasez de medicamentos, porque si falta uno los demás no los pueden tomar y esto ayuda a que el paciente mantenga una mejor salud”, expresó Herrera.

Ante la ausencia de estos productos medicinales, Eric Ulloa, director de Provisión de Salud del Minsa, explicó que hay varios factores combinados que provocan la falta de medicinas. Uno de ellos es el proceso burocrático y los innumerables pasos que exige la ley.

“Los procesos de compra en el Minsa requieren 28 pasos, por ende, las compras de medicinas para pacientes con VIH se atrasan. Otra de las razones es que las casas farmacéuticas no cuentan con los medicamentos que solicitamos y también influye el hecho de que la cantidad de fármacos que les pedimos no les parece atractiva económicamente y las compras se declaran desiertas”.

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Una de las posibles soluciones es hacer las órdenes de compra en conjunto con la Caja de Seguro Social para que se agilice su obtención, pero esta idea tiene que ser discutida entre las instituciones, representantes de pacientes y el Ejecutivo, dijo Ulloa.

Juventud con VIH

De los 13,709 casos de VIH detectados en Panamá desde 1984, la mayoría corresponde a personas de edades de entre 14 y 39 años, indica un reciente informe del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud (Minsa).

El documento revela que el 52% del total de infectados son personas heterosexuales, o sea que tienen relaciones con parejas del sexo opuesto, mientras que el 48% de todos los infectados obedece a los denominados grupos de riesgo que lo conforman prostitutas legales o clandestinas, los transexuales, bisexuales y homosexuales.

El resto pertenece a contagios de recién nacidos de madres con VIH, aunque estos casos han bajado considerablemente.

sep 262014
 

Lejos de las acaloradas discusiones que provoca el debate de la educación sexual para menores de edad, las cifras por embarazos precoces y contagio de infecciones de transmisión sexual en adolescentes revelan el lado frío de la situación.

Jóvenes de 19 años hasta con nueve hijos y adolescentes que padecen del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), la tercera causa de muerte en el grupo etario de 15 a 24 años, son algunos de los casos que en la actualidad son muestras de un complejo problema de salud.

Entre enero y agosto de 2014, el Ministerio de Salud registró el embarazo de 7,157 niñas y jóvenes entre 10 y 19 de años, de un total de 22,879 mujeres embarazadas en ese mismo periodo.

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El otro lado del sexo

Pero esta es apenas la punta del iceberg en un problema que es más profundo que la reproducción temprana.

Los índices de enfermedades como la causada por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y las de transmisión sexual afectan a un importante número de jóvenes, según la información que recopila el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Inec) de la Contraloría General.

En el año 2012, el Inec informó que 478 personas fallecieron a consecuencia del VIH y de estas, 33 fueron adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años de edad. De ellos, 21 eran varones.

Esta misma enfermedad fue la causa de muerte de otros 120 jóvenes adultos entre 25 y 34 años de edad en ese mismo periodo.

En otro registro, el Inec revela que entre 2008 y 2012, 21 personas fallecieron a consecuencia de infecciones de transmisión sexual no especificadas.

Son estas cifras las que motivan el proyecto de ley 61.

Según su proponente, el diputado Crispiano Adames, presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea, es hora de llegar a un consenso para establecer una ley.

“Nadie está aquí para repartir condones”, sino para dar la herramienta de la transformación, que es la educación.

El diputado calificó de alarmante el número de casos de adolescentes que padecen VIH y otras enfermedades, como gonorrea y sífilis, debido a la falta de educación y de los excesos que existen en la sociedad.

“Aquí los niños están en las discotecas a los 15 años, a los 11 años de edad se inicia la ingesta de licor, que lleva al consumo de sustancias ilícitas, y de allí pasan al sexo, afectando con VIH, sífilis y gonorrea”, dijo el diputado.

Ejemplo de esta realidad alarmante es Israel Him, un joven de origen guna que ayer, en medio de la disertación de los grupos a favor y en contra del proyecto de ley 61, se atrevió a exponer cómo a los 16 años contrajo gonorrea y más tarde el VIH, del cual es sobreviviente desde hace siete años.

“Es hora de que esta ley se ponga en práctica, ahora vemos cuántos casos de jóvenes hay con VIH”, expresó Israel.

La médico ginecóloga-obstetra Eyra Ruiz, también en la misma línea, instó a que se desarrolle un proyecto de ley consensuado para disminuir las cifras de enfermedades en el grupo de adolescentes.

Ruiz negó que el proyecto esté elaborado para dar pie a la práctica del aborto, como expresan los detractores del proyecto de ley.

“Sí pasó por nuestra mente, las adolescentes madres en Kankintú que mueren por mortalidad materna. Las niñas de Arraiján y de San Joaquín y de Curundú llenas de virus del papiloma y clamidia”, expresó como principal motivo por el cual está a favor de la ley.

Sin embargo, el proyecto de ley 61 carece del consenso entre las facciones que se apegan a las cifras y a la ciencia y otro grupo que defiende la posición de una educación en valores.

Esto no es nuevo, según la diputada Marylín Vallarino, ya que desde el año 2008, ninguna propuesta de ley para legislar en educación sexual ha logrado el consenso de ambas partes.

“La tercera es la vencida”, expresó la diputada, quien defiende la postura de que la ignorancia de los niños y adolescentes sobre la sexualidad está pesando más de lo que puede costar aplicar los planes de educación sexual en las escuelas. “Ya hemos perdido quince años”, agregó.

Por su parte, la psicóloga Celia Moreno, quien está de acuerdo con la propuesta, aduce como una doble moral la queja de algunos padres que se oponen a que la escuela y otros orientadores les hablen a los niños y adolescentes de este tema.

“En escuelas privadas se da educación sexual. Entonces ¿quiénes están siendo afectados por falta de educación sexual?, las escuelas públicas”, sostuvo.

A favor de abstinencia

Pero la iniciativa sigue dejando un mal sabor dentro de algunas organizaciones que prefieren afrontar el problema de salud desde el punto de vista de valores.

Ayer, Idalia Martínez, directora general de la Secretaría de Niñez, avaló el comentario de Lineth Paredes, una joven de 16 años estudiante del Instituto Rubiano, quien expresó que en vez de promoverse el uso de anticonceptivos y preservativos, debe inculcarse la abstinencia.

“Es falso que donde hay pobreza, solo se piensa en sexualidad promiscua. Lo que nuestros niños necesitan no es libertinaje sexual, sino la debida orientación para ejercer esa salud sexual y reproductiva”, dijo.

Las iniciativas legislativas sobre salud y educación sexual, históricamente, no logran alcanzar un consenso y se archivan.

El sacerdote Fernando Fontane, guía espiritual del presidente de la República, también hizo sus comentarios con respecto al proyecto a través de la red social Twitter.

El padre escribió un mensaje que dice: “Nuestros jóvenes deben ser educados para amar en la libre donación mutua, donde se ve al otro como alguien y no como algo” y colgó además imágenes que cuestionan el proyecto de ley 61 como un negocio y que promueve el libertinaje en la sexualidad.

Entre los mensajes que difundió, uno lleva la frase “Sí a la educación sexual en afectividad y valores”. En otro aborda las explicaciones artículo por artículo, por las cuales cuestiona que se trata, según esta posición, de un negocio.

Por ejemplo, en el artículo 12 señala: “Se reconoce el derecho de toda persona (sin distingo de edad) a tomar decisiones libres respecto a la procreación…, y decidir si no desea tener descendencia (esto permite el aborto)”.

También se cuestiona que el proyecto reste autoridad o lesione la patria potestad hacia los hijos, sin embargo, ayer, la abogada Briseida de López dejó claro que no se elimina la patria potestad y que esto solo se puede hacer si se elimina de la Constitución.

“Ninguna ley inferior puede modificarla ni derogarla”, y agregó “no es una facultad ilimitada, el mismo Código de la Familia establece las causas por las cuales se pierde o se extingue”.

Al final de la sesión, se concluyó que el debate pasará ahora a manos de una subcomisión de diputados que deben reunir a todas las partes interesadas para lograr cambios de consenso al documento.

sep 262014
 

Desde hace cuatro meses, un 70% de las personas que se atienden en las 14 clínicas antirretrovirales para pacientes con VIH-sida (entre 4,000 y 5,000), a nivel
Erika Edith Quiñones (erika.quinones@epasa.com)
Desde hace cuatro meses, un 70% de las personas que se atienden en las 14 clínicas antirretrovirales para pacientes con VIH-sida (entre 4,000 y 5,000), a nivel nacional, no están recibiendo el tratamiento, producto del desabastecimiento de unos cuatro medicamentos.
Bernabe Ruiz, coordinador del Observatorio Ciudadano de VIH-sida, cuestionó la falta de respuesta definitiva del Ministerio de Salud (Minsa) sobre el tema, ya que en 2012 y 2013 hubo desabastecimiento.
Panamá es uno de los países con más interrupciones (por arriba de cuatro a cinco) en entrega de medicamentos, lo que provoca que el paciente pueda asimilar bien el tratamiento.
Edith Tristán, de la Unidad de VIH de la Defensoría del Pueblo, dijo conocer de quejas de personas que están en la clínica y tienen meses de no tomar las medicinas.
Entre $5,000 y $6,000 le cuesta al Estado un paciente que no reciba el tratamiento oportunamente, mientras que si lo toma, el costo es de solo $500 a $1,000.
El director de Provisión de Salud del Minsa, Eric Ulloa, explicó que este problema tiene diversas razones, uno es que se ha demorado la entrega de productos porque los procesos de compra demoran o las casas farmacéuticas no los tienen y otro es que cuando se realizan los actos se declaran desiertos.
Situación por la que ahora cada año trabajarán con estimaciones de necesidades de compra, por lo que esperan que este haya sido el último inconveniente registrado.
El Minsa además contempla la compra conjunta de medicamentos con Centroamérica.